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Nuestros pueblos atesoran un importante patrimonio historico-cultural: Castillos, monasterios y la típica arquitectura de montaña, con tejados inclinados cubiertos con losas y casas señoriales, además de ermitas e iglesias en un buen estado de conservación.
POBLACIONES
Broto
En el centro del Valle se asienta Broto (905 m), su capital histórica y cabecera del municipio; posee una completa infraestructura de servicios que justifica su importancia turística. Sus dos barrios, a ambos lados del río Ara, estaban unidos por un puente gótico del s. XVI, destruido durante la Guerra Civil, junto al cual se encuentra la Casa del Valle, sede de la Junta del Valle; parlamento, gobierno y tribunal de sus intereses, gracias a diversos privilegios de los reyes de Aragón. A cambio, la Junta custodiaba la frontera con Francia y la ruta que la atravesaba por San Nicolás de Bujaruelo. La iglesia, del s. XVI, destaca por su torre defensiva almenada.
Está dedicada a San Pedro Apóstol y posee una interesante portada esculpida, así como retablos barrocos en su interior. Numerosas casas conservan la arquitectura tradicional. Si una cosa destaca en Broto es la cascada del Sorrosal que baja cargada y furiosa con el agua del deshielo. Se accede fácilmente a pie desde la salida del pueblo en dirección Oto.
La torre de la cárcel de Broto es una edificación civil del s XVI, que albergaba la sede de la ‘Junta del Valle’. Está situada en el casco antiguo del pueblo junto a uno de los dos extremos del desaparecido puente románico que cruzaba el río Ara. En la cárcel, los presos realizaron entre los siglos XVII al XX incluido, unos grabados especialmente asombrosos por su cantidad, su organizado programa iconográfico y sobre todo la calidad artística de la mayoría de ellos con respecto a otros grabados que se conservan en espacios similares. Los más importantes son posiblemente de un mismo personaje que los elaboró en el s. XVIII.
Torla
Situada en un pequeño escarpe sobre la margen derecha del río Ara, Torla (1032 m). Su casco urbano se articula en torno a una larga calle que se ensancha hasta conformar un par de plazas. En ella desembocan otras vías como la calle de la Iglesia. La parroquial es un edificio del s XVI reformado posteriormente, en el que destacan, al exterior, su torre, con una función claramente defensiva, y su portada, de estilo tardogótico.
El urbanismo de esta villa nos muestra la típica arquitectura de montaña, con tejados inclinados cubiertos con losas, calles empinadas, robustos muros de piedra y profusión de arcos de medio punto en las puertas, además de casas señoriales.
Oto
Situado apenas a un kilómetro de Broto. El casco urbano presenta un suave declive hacia el sur de la iglesia, donde un paso abovedado da una apariencia defensiva al conjunto. No faltan chimeneas, ventanas y puertas adinteladas, escudos armeros, además de algunas casonas solariegas, entre las que destaca la de Don Jorge, junto a la soberbia y recia torre defensiva de los siglos XV-XVI con ventanas geminadas y matacanes. La iglesia conserva su torre, para muchos una de las mejores del Alto Aragón.
Asín de Broto
Asín de Broto (1187 m) está dividido en dos barrios, que conservan un fuerte tipismo en sus construcciones. La iglesia, del siglo XVI, se ubica al norte, un tanto separada del casco urbano, y presenta una torre defensiva de tres cuerpos y una interesante portada adintelada.
Adosado al templo encontramos el único esconjuradero conservado en el valle de Broto, siendo actualmente una pieza clave dentro del patrimonio etnológico del valle. Estos edificios se destinaban a una serie de rituales, en especial esconjurar a posesas o alejar tormentas. Suelen ser de reducidas dimensiones, sitos a la entrada de las iglesias o en un lugar próximo a estas, y abiertas por sus cuatro lados. El de Asín de Broto presenta planta rectangular con bóveda apuntada y dos vertientes, en cuyos muros se abren una serie de vanos con arcos de medio punto. Interiormente, se halla recorrido por un bancal, encontrándose en una esquina la pila para el agua bendita con una cruz esculpida.
Al sur de Asín, siguiendo el camino de La Solana, se encuentra la ermita de San Mamés, edificio de factura popular que alberga una hermosa talla románica del siglo XII de Cristo crucificado.
Linás de Broto
El último pueblo antes del túnel de Cotefablo ofrece rincones de singular tipismo: orgullosas chimeneas y tejados de losa, diversas puertas, ventanas, balconadas y curiosos ejemplos de casonas solariegas. La iglesia parroquial, obra del siglo XVI con antecedentes medievales, se encuentra un tanto separada del caso urbano de la población. Constituye un sencillo edificio en el que destaca su airosa torre, con aspilleras y matacanes, testigo de tiempos tumultuosos.
Fiscal
En su barrio central destaca una torre fortaleza del siglo XVI, muy bien conservada, con ventanales góticos y aspilleras, rematada con almenas. También podemos contemplar numerosas casas de los siglos XVI al XIX. Otros elementos interesantes para visitar son la portada románica de la iglesia de Jánovas, trasladada a Fiscal o el molino harinero.
Mención especial merece el restaurado batán, trasladado desde Lacort, su emplazamiento original y único que ha llegado a nuestros días. El fin de un batán es suavizar, por medio del agua y de unas enormes mazas que golpean continuamente, los tejidos, fundamentalmente mantas, elaborados en los telares próximos. El batán de Lacort presentaba un aplanta casi cuadrangular compartimentada en dos espacios, uno de los cuales, donde se ubican los mazos, con techumbre de madera a dos aguas. En el otro, utilizado como serrería, se hallaba la entrada del agua conducida por un canal que desembocaba en la rueda del eje principal.
Ainsa y Boltaña
Ainsa se emplaza sobre una llanura en la confluencia de los ríos Cinca y Ara. Las dos calles principales del casco antiguo, Santa Cruz y Gonzalo I, conducen a la plaza Mayor con arcos de estilo romano-gótico.
Para iniciar el recorrido lo mejor es dejar el automóvil en el estacionamiento que hay junto al castillo y tras visitarlo se accede a la plaza Mayor por un pequeño jardín. A la derecha de la plaza, mirando al castillo, aparece la iglesia parroquial de Santa María, de estilo románico. El paseo continúa hacia la parte baja para visitar los portales que daban entrada a la villa. Se conservan en buen estado el portal de Arriba, el portal de Abajo, el portal de Tierra Glera, el arco del Hospital (s. XII), el portal de Afuera (s. XV), el arco de Callizo (s. XIV), y algunas casas con ventanas enrejadas: casa Arnal y casa Bielsa (s. XVI).
Es interesante visitar la "cruz del Sobrarbe" en las afueras de la ciudad.
Boltaña emplazado en el alto valle del Ara (Sobrarbe). Su casco urbano está dividido en dos zonas bien diferenciadas: la parte vieja que ofrece las casas de piedra, calles estrechas y la iglesia parroquial (s. XVI) sobre un cerro a orillas del Ara y la parte nueva con su central hidroeléctrica e industrias alimentarias y madereras.
Jaca
Jaca es la capital de la comarca de La Jacetania. Está situada al norte de la provincia, en el Valle del Aragón, a la sombra de la Peña Oroel, en el Pirineo central. Merece la pena callejear por esta bonita plaza y sin duda es ineludible la visita a su catedral y ciudadela.
La Catedral de San Pedro de Jaca: Si bien la fecha de la construcción no está clara, se pueden distinguir en ella dos etapas. Una primera, podría estar situada entre 1077 y 1082 y una segunda entre 1104 y 1130.
En la fachada frontal de la catedral encontramos el atrio y la portada, cuyo arco de mayor radio, semicircular, enlaza con la nave central, de bóveda de cañón, del interior del templo. En la fachada sur encontramos otro pórtico con arco de medio punto y tímpano modificado en el Renacimiento. En cuanto a los ábsides, sólo se conserva del románico el que da al sur, ya que los central y norte, como ya ha sido comentado, fueron rehechos en el siglo XVIII.
El templo consta de una nave principal, flanqueada por otras dos menores, de las que cada una enlaza con uno de los ábsides. Cada muro entre las naves esta constituido por tres pilares cilíndricos que se alternan con otros tres cruciformes, sosteniendo cada par un arco de medio punto. La cúpula se sostiene sobre el crucero mediante trompas o soportes cónicos y arcos de medio punto de refuerzo. Se trata de la cúpula románica más antigua de España.
En la puerta lateral de la catedral se encuentra tallado el patrón de una unidad de medida denominada "vara jaquesa". Esta unidad se utilizaba durante la edad media en el mercado ubicado en la plaza de la catedral para medir longitudes.
La ciudadela de Jaca es una fortificación de planta pentagonal, construida a finales del siglo XVI (las obras se inician en 1592), que conserva todas y cada una de sus partes características: foso, baluartes, escarpas, cuarteles, polvorines, túneles, etc. además de una hermosa entrada a la que se accede mediante un puente levadizo.
Su construcción fue encomendada a Tiburcio Spannochi, ingeniero de origen italiano al servicio de Felipe II, dentro de un programa de defensa de la frontera aragonesa con Francia, cuyo punto principal sería precisamente este castillo. Para la construcción se eligió un terreno extramuros conocido como El Burnao.
El modelo para el Castillo de San Pedro corresponde ya a los nuevos esquemas de arquitectura militar derivados del uso de la artillería, en la que predominaban los muros más bajos y gruesos, con taludes y emplazamientos específicos para cañones y otras bocas de fuego. A mediados del siglo XVII la obra ya estaba completada, pues entre 1635 y 1659 —periodo de guerras con Francia—, Jaca poseía un enorme valor estratégico.
Desde su construcción la fortaleza ha mantenido siempre guarnición militar dentro de sus muros. Sin embargo, las vicisitudes bélicas que lo acompañan son escasas, siendo la más destacada la ocurrida durante la guerra de la Independencia. El 21 de marzo de 1809 era tomada por las tropas francesas ante la capitulación de la ciudad y el escasísimo número de tropas que la defendían. Los soldados españoles, al mando del General Espoz y Mina, recuperaron el Castillo tras varios meses de asedio el 17 de febrero de 1814. A partir de entonces, el castillo va perdiendo importancia militar. Sus muros y edificios fueron magníficamente restaurados en 1968, siendo merecedores del premio «Europa Nostra».
El Castillo de Loarre
El castillo de Loarre es un castillo románico situado sobre la sierra de Loarre, a unos 35 kilómetros de Huesca. Desde su posición se tiene un control sobre toda la llanura de la Hoya de Huesca y en particular sobre Bolea, principal plaza musulmana de la zona y que controlaba las ricas tierras agrícolas de la llanura.
El castillo se asienta sobre un promontorio de roca caliza que utiliza como cimientos. Esto suponía una gran ventaja defensiva, ya que así los muros no podían ser minados (técnica habitual en el asedio de fortalezas, que consistía en construir un túnel por debajo del muro para después hundirlo y abrir así una brecha por la que asaltar). Además está rodeado por una muralla con torreones.
El castillo está en bastante buen estado de conservación (salvo la parte del antiguo castillo de Sancho III de Navarra, mucho más deteriorada) y está considerado como la fortaleza románica mejor conservada de Europa. Destaca la pequeña capilla de la entrada, con una increíble acústica, y la majestuosa iglesia del castillo (de la que desgraciadamente se desconoce el paradero de las pinturas románicas) en la que llama la atención la cúpula por lo poco habitual que es en el románico.
Fue construido en el siglo XI por orden del rey Sancho III, para servir como avanzadilla desde la que organizar los ataques contra Bolea. La construcción inicial fue posteriormente ampliada a la que conocemos hoy en día durante el reinado de Sancho Ramírez, bajo cuyo reinado se procedió a la fundación de un monasterio en dicho castillo. Durante el siglo XII la zona deja de ser fronteriza y el castillo pierde su función inicial de avanzadilla contra las tierras musulmanas. En el siglo XV, la población que vivía a los pies del castillo se traslada a la actual villa de Loarre, reutilizando materiales de la fortaleza.
Monasterio de San Juan de la Peña
El Monasterio de San Juan de la Peña está situado al suroeste de Jaca, es el monasterio más importante de Aragón en la alta Edad Media. El Monasterio viejo es Monumento Nacional desde el 13 de julio de 1889 y el monasterio nuevo es Monumento Nacional desde 1923. La restauración fue dirigida por el arquitecto modernista aragonés Ricardo Magdalena.
Probablemente existiera algún tipo de cenobio anterior al siglo XI pero no es hasta el año 1026 cuando Sancho el Mayor impulsa en el lugar una construcción de mayor importancia. En el año 1071 el rey Sancho Ramírez cede el conjunto existente a los monjes cluniacenses y favorece su reforma. En este momento se levanta el conjunto que hoy nos resta en mayor o menor medida. La reforma benedictina de cluny no podía obviar en la construcción de un claustro que se finalizará ya entrado el siglo XII.
A finales del siglo XI, los monjes del monasterio deciden encargar a un autor anónimo la elaboración de los capiteles de las columnas del claustro que renovaban, probablemente para sustituir otro anterior. El pequeño recinto ofrecía un cerramiento diáfano en forma de arcadas separadas por columnas. Los arcos se veían rematados con cenefas con el típico taqueado jaqués. El Maestro desarrolla un programa sobre escenas bíblicas donde aparecen entre otras el Anuncio a los pastores, la Natividad, la Anunciación, la Epifanía, el Bautismo y la Circuncisión de Jesús, la Última Cena, episodios sobre Caín y Abel, la Creación de Adán y Eva, así como su Reprobación y posterior condena al trabajo. También hay algunos motivos geométricos y vegetales donde destacan los roleos.
Seguramente el Maestro Anónimo sólo elaboró los capiteles para dos alas del claustro ya que en la segunda mitad del siglo XII el monasterio entró en franca decadencia. El programa iconográfico que plantean los 26 capiteles que conservamos parece enfocar la Salvación a través de la Fe escogiendo los episodios más significativos para ello. Se trabaja con bajorrelieves casi todos dominados por un horror vacui muy acentuado que provoca contorsiones en algunas figuras que superan el propio marco sacando un brazo como en la escena de Jesús y los Apóstoles.
Los gestos son exagerados, casi teatrales, acentuando los ojos y la boca, y confiriendo narratividad a las escenas. En cuanto a las formas, éstas se someten a esquemas geométricos que dominan desde la configuración del rostro o los pliegues de los paños, hasta los movimientos de caballos o de la misma agua que se vierte de un jarro a otro.
En el piso superior se encuentra el Panteón Real. En él, durante cinco siglos se enterraron algunos de los monarcas de Aragón y de Navarra. Su aspecto actual data del siglo XVIII. En San Juan de la Peña, los reyes de Aragón fueron sepultados en tumbas de piedra colocadas en tres órdenes superpuestos, desde la roca hacia afuera, presentando a la vista sólo los pies del féretro. El panteón real ocupa las dependencias de la antigua sacristía de la iglesia alta, que data del siglo XI; fue reformado por Carlos III en 1770, siguiendo las indicaciones de don José Nicolás de Azara y del conde de Aranda, quien quiso ser enterrado en el atrio.
La reforma sólo afectó a la decoración, quedando los sepulcros en el mismo lugar; se levantó delante de ellos una pared en la que se colocaron láminas de bronce con las inscripciones correspondientes, se distribuyó por la sala profusión de estucos y mármoles, colocando en la pared frontera unos medallones con relieves que representan escenas de legendarias batallas.
Santa Orosia
En el vecino Serrablo encontramos la localidad de Yebra de Basa. Cabecera del Valle del Basa, en pleno corazón del mismo y en la margen derecha del río que da nombre al valle, desde allí cada 25 de junio, la montaña aragonesa celebra el hallazgo de las reliquias de Santa Orosia. Ocho ermitas, cuatro de ellas incrustadas literalmente en la roca, que jalonan el camino que asciende desde Yebra de Basa hasta la cima del monte Oturia. Antes de llegar a los pies del monte Oturia, tres pequeñas y modestas ermitas delatan el carácter sacro que tiene el recorrido. Son las ermitas de L'Angusto, las Escoronillas y As Arrodillas. Este último habitáculo contiene una enorme roca, en la que se aprecian dos huecos y unos largos cortes. Según la tradición, son las marcas de las rodillas de la Santa cuando la decapitaron.
Un salto de agua que resguarda estas las ermitas de San Cornelio y Las Cuevas, que aunque están comunicadas por medio de una escalinata, son dos habitáculos distintos y superpuestos. Ambos habitáculos se han rehabilitado recientemente. En estado delicado se encuentran las ermitas de San Blas (1.310 metros), y la de Santa Bárbara (1.390), que murió en circunstancias muy parecidas a las de Santa Orosia. Antes de llegar a la iglesia de Santa Orosia, y ya en el puerto (1.921 metros), queda un punto de encuentro por rebasar: la ermita de O Zoque.
Muro De Roda: San Bartolomé y Santa María
Al conjunto religioso-militar de Muro de Roda se llega por pista desde Tierrantona, capital de La Fueva. Unos 400 m antes de llegar al recinto fortificado, a nuestra derecha, hay un conjunto de edificaciones con aspecto de "antiguas"; pero que de no estar advertidos camuflan por completo al templo de mayor antigüedad e interés de este lugar. Se trata de la muy transformada ermita de San Bartolomé, situada a continuación de lo que fue la casa consistorial y la escuela del lugar así como un pequeño claustro del XVI .
El templo fue en principio de una sola nave, acabada probablemente en ábside cilíndrico, que se transformó en alguna de sus reformas en testero plano. A tenor del espesor del muro original, debió de cubrirse con techumbre de madera a dos aguas. En la parte alta de los muros, estructuras a modo de ajedrezado a base de dejar mechinales consecutivos en hiladas alternas aligeraban el muro y contribuían a la ventilación de la estructura.
Tras penetrar por la portada moderna nos topamos con un espacio cuadrangular centrado por un pequeño claustro del XVI con dos vanos alargados de medio punto por lado y reducidísimo espacio interior. El templo original debió de erigirse mediado el S. XI. A esta época pertenece la nave, el muro posterior y las tres portadas de medio punto dovelado de tosca ejecución, cegadas en la actualidad. Dos abrían en el muro norte y una en el sur.
A finales del XI se decidió cubrir la nave con bóveda de medio cañón, para lo que hubo de reforzarse sus muros conduciendo sus fuerzas a través de dos fajones que descargan en grandes ménsulas y en los pies del templo, se conduce el empuje a base de dos arcos de medio punto en cada muro, que apean en pilastras-lesenas al interior En la nueva cabecera se creo un espacio absidal cubierto por medio cañón .
Con posterioridad se añadieron sendas capillas laterales para darle aspecto de cruz latina. La del lado sur, desapareció para crear la comunicación con el claustro del XVI.
La iglesia de Santa María, románica del XII es de una sola nave amplísima, acabada en tres ábsides que como cubos de muralla forman parte del sistema defensivo. Reformas posteriores han hecho desaparecer los vestigios de la nave original, siendo sustituida por la "nave-salón" con coro alto a los pies y decorada con ese peculiar estilo entre ingenuo y multicolor que hallamos por buena parte de los templos del Sobrarbe.
La torre, de planta rectangular, al estilo de las del Sobrarbe, es también fruto de la reforma del XVIII. De la primitiva torre románica, de planta circular, solo queda la base; que se conserva por delante de los ábsides central y meridional.
Sus tres altos ábsides componen una bella estampa. Son como sendos cubos de muralla del recinto defensivo. En lo alto, los pequeños ventanales derramados al exterior, para iluminar las naves. En sus bases, otros tres aspillerados a modo de saeteras, iluminan las criptas. Grupos de mechinales situados a nivel delatan la construcción desde el exterior.
Al interior, destaca la amplitud de su nave única, cubierta con bóveda de medio cañón y enlucida y decorada al gusto del XVII. Los ábsides laterales quedan escondidos a la vista, y se accede a ellos desde entradas laterales del presbiterio. Capillas laterales y coro a los pies completan las reformas tardías de la iglesia.
Castillo de Abizanda
A tan solo 20 minutos de Ainsa, junto al pantano de El Grado, elevado sobre el barranco del río y rodeado de montes de pinares y encinas se encuentra Abizanda y su bella fortificación de origen musulmán. Tomada por Sancho el Mayor en 1017 se acepta su reconstrucción en 1023 para atacar la cuenca del Isábena. La torre es obra de maestros lombardos llevada a cabo hacia 1023; para plantear dicho ataque. La edificación del recinto y capilla del castillo es posterior, obra de maestros locales.
El de Abizanda es uno de los mejores donjones de Aragón, muy vistoso, pero poco conocido. Donjon es palabra francesa que designa las torres con salas que tienen función de palacio. No son como la torre del homenaje de otros castillos que tienen sus dependencias alrededor. Son todo en uno, atalayas, miradores, pero también residencia, en varios pisos. De ahí que sean grandes torres. Son como un castillo completo pero en vertical, como militares rascacielos del siglo XI.
Tiene planta rectangular de 13,5 x 8 metros, los muros son de piedra de 1,95 metros de espesor, y tiene una superficie interior de 38 m2 de planta, el basamento corresponde a una antigua construcción defensiva de origen árabe y está construida directamente sobre la roca. Con 24 metros de altura, el interior está dividido en 5 pisos: el primero de almacén, en el segundo se encuentra la puerta de acceso, situada en altura por motivos de defensivos y a la que se accedía siempre con escaleras de madera, los dos pisos superiores cumplían las funciones de vivienda y el último era defensivo. La división de las plantas y el cadalso defensivo que coronaba la torre estaban íntegramente construidos en madera.
El cadalso defensivo ha sido reconstruido en su totalidad tras la rehabilitación y en la época de su construcción estaría abierto. La torre de Abizanda, por su calidad constructiva y por sus dimensiones es comparable a la torre del castillo de Loarre y a la torre de Biel.
Santa María de Buil
A unos 300 m de Boltaña en dirección Ainsa, a altura del Km 56, se toma el desvío que pasa por Margudgued, Guaso y Latorrecilla, y en unos 4 Km de esta última localidad, un desvío a izquierda nos lleva a Buil.
Santa María de Buil, tuvo gran importancia en los S X y XI, pues ostentó la capitalidad del Sobrarbe, hasta que se reconquistó Ainsa. Se asienta en una meseta de más de 900 m desde la que se contempla magnífica vista del macizo del Monte Perdido. Tuvo castillo en la cumbre del cerro; del que apenas quedan vestigios.
Es una construcción de planta basilical de tres naves abovedadas a distinta altura, con cabecera triabsidal, y un sistema de soporte de las bóvedas a base de pilares cruciformes.
Hay torre a los pies bajo la que se cobija el atrio. La cabecera de la iglesia constituye un ejemplar de arte local, que no trascendió, y bastante posterior a las naves (hacia 1070) con las que está mal ensamblado. Manifiesta un cierto parentesco con algunos ejemplares del románico del Gállego.
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